6 nov 2021

El Bayo, “La Catedral del Padel”, a 30 años de una historia única que se resistió antes las adversidades y continúa vigente


La Catedral del padel o más conocido como el Bayo Padel, cumplió 30 años en San Salvador el pasado 14 de mayo
. Desde la incertidumbre de los inicios, donde poco se sabía de este deporte, hasta el furor de los 90, con una multitud mirando las grandes definiciones, pasando por el apagón de la actividad, y nuevamente el resurgimiento, se mantuvo inalterable y vuelve a tomar protagonismo en el deporte de la paleta y la pelota.

De la mano de Luis Eugenio Bordet (Conocido simplemente como el “Bayo”) y su esposa, perseveraron y durante muchos años fue la única cancha de este deporte en San Salvador. En su época de mayor esplendor se jugaban 19 horas al día, hasta la madrugada había turnos.

El padel, escribió su historia del deporte en San Salvador, mayormente en la cancha del Bayo, bautizada como “La Catedral del padel”, por obra y gracia del Bayo Bordet, un visionario que vio una luz, entró en la cancha a jugar un partido sin saber cuáles eran las reglas del juego, pero con mucho esfuerzo, perseverancia y amor por lo que hacía, tuvo su recompensa: amigos, anécdotas, grandes alegrías, y algunos dolores de cabeza también, que solo el deporte los puede dar. En esta nota con SANSA DEPORTES, nos dejó algunos de esos momentos inolvidables, que son parte de su historia personal, y de un deporte que llegó a tener a los mejores jugadores de San Salvador en el escalón más alto en la provincia y en torneos nacionales.

 

COMO SURGIO LA IDEA DE LA CANCHA

“La historia del Bayo empezó en un asado con la gente del correo. Alguien comentó del padel y yo ni noción, y la mayoría de los que estábamos en el asado ni sabíamos de que se trataba. Solo sabíamos algo del tema comercial, como se trabajaba porque estaba en pleno furor y era para hacer plata. Así surgió la idea”, recordó el Bayo en diálogo con SANSA DEPORTES.

“Tenía este terreno y lo compramos como inversión. Después le habíamos puesto el cartel y se lo dimos a Fagúndez para venderlo. Estaba para venderlo y salió el tema de la cancha”, recordó. Pero el destino que tenía ese lugar era otro. Justo “una señora de Concordia vino a San Salvador a visitar a una hermana que estaba cerca de casa, y como no tenía teléfono fue a pedirnos el teléfono para hablar con el hijo que vivía en Concordia. Después mi señora le preguntó si había podido hablar y le dijo “no, se fue a jugar al padel. Entonces le preguntó qué es el padel que mi marido me comentó algo. Le dijo como era el tema y le comentó que teníamos este terreno”.

  

La mujer no dudo y le dijo: “mire dígale a su esposo que no lo piense dos veces y que haga una cancha de padel, que no se va a arrepentir”. Cuando llegué del Correo me señora me lo dijo y al otro día armamos viaje y nos fuimos a Concordia a ver cómo era el tema. La primera cancha que visitamos fue la de Galop y ahí lo encontramos a Fabio Quintana atendiendo la cancha. Después caminamos dos cuadras más y estaban haciendo la de Círculo Italiano en calle H. Yrigoyen y Buenos Aires, donde recién la habían empezado. Hablé con el dueño y no lo encontré. Después hablé con el constructor que estaba haciendo la obra y se ofreció para hacérmela con material y todo”, apuntó el Bayo.

Pero como había hablado algo con el Yeli Lovato y se la dí a él, cuando decidimos, y trabajaba con Kloster, a todo trapo. Empezaron en julio, julio y en octubre la inauguramos. Primero era abierta y solo tenía el tejido a los costados. Después le pusimos el techo y los baños, expresaba el Bayo con cierta nostalgia al recordar los inciertos comienzos de la construcción.

 

LA IMPORTANCIA DEL GERENTE QUE JUGABA AL PADEL

En esa época la visión de seguir creciendo estaba latente, y venía a jugar el gerente del Banco Nación y el contador, y entonces se hizo amigo nuestro y me dijo porque no la techaba a la cancha. Saque un crédito que se lo vamos a dar. Después vino Perrón a mirar y me dijo lo mismo, porque no techaba la cancha. Le pregunté si era amigo del gerente, entonces le dije anda a hablar con él y decile que vas a techar la cancha y que me otorgue el crédito. Fue y habló y se largó. Después fui a hablar con el gerente y me dijo que lo haga nomás. Así salió el techo, apuntó el Bayo con lujo de detalles.

 

EL TECHO ESTABA, PERO EL CREDITO NO

  

“Pero lo increíble que el techo estaba terminado y colocado hacía un mes y el crédito no había salido. Estaba autorizado, pero no lo liquidaban. Venía Perrón y me dijo que le compró todo a Schanton y que le dio un cheque de él y se lo iba a presentar. El gerente me dijo que me quede tranquilo, pero el crédito no salía. Enseguida me llamaron del banco y me entregaron la plata. Fui a lo Perrón y le entregué la plata del techo, que era en dólares, y le terminé haciendo la transferencia a Schanton”, nos decía el Bayo con la tranquilidad de saber que la plata se la iban otorgar tarde o temprano.

Lo curioso es que utilice el techo un mes sin haber recibido ni pagado un peso del crédito, apuntó. “Era otra época”, agregó.

Después nunca cerré la cancha. Cuando otros la cerraron decidí venir a vivir acá, por eso no la cerré porque hubo épocas “donde no venían ni gratis a jugar”. La situación política y económica del país era mala, aparte se perdió el entusiasmo, se borraron, en todas partes pasó lo mismo, hasta que volvió a resurgir. Ahora se está jugando bien, incluso se está por hacer otra cancha en San Salvador. Al ser la única cancha me sirvió para sostenerme. Y haría falta una o dos canchas más para que los jugadores se entusiasmen porque los horarios para jugar son siempre los mismos. En horario de trabajo no se juega. Hay un horario pico donde no hay lugar para todos.

 

EN LOS COMIENZOS SE JUGABA 19 HORAS SEGUIDAS

En los comienzos “se jugaba hasta 19 horas seguidas, un partido detrás de otro. Fue en los primeros meses. Se dejaba de jugar a las 5 de la mañana”, recordó con cierta alegría por el esplendor que tuvo su emprendimiento.

El instructor Fabio Quintana venía de Concordia en el colectivo de las 5 de la mañana y yo lo esperaba en una piecita, lo único que teníamos atrás, con una cocinita para calentar agua. A las 6 ya empezaba a dar clases de padel. Venía mucha gente y sobre todo mujeres, recordó Bordet. El profesor tenía en un grupo a 17/18 mujeres dándole clases y no le alcanzaba el tiempo.

 Con el tiempo se empezaron a jugar muchos torneos, primero locales y después vinieron a jugar los mejores de la provincia, entre ellos Yrigoitia, Aranda de Concordia, otros de Uruguay, y otros jugadores de primer nivel, agregó. También se organizó un torneo de mujeres de los mejor de Entre Ríos

Se jugaron muchos torneos, y había problemas porque se anotaban muchos y era una sola cancha. Después decidimos alquilar la cancha de Vales y la del Plaza de Martínez. Ahí movimos un poco más. Además, en ese entonces no había celulares para comunicarse, y algunos no venían por el trabajo y no avisaban.

De esa época recordó el clásico de los partidos de los Arlettaz con los Iribarren. Los hermanos Martín y Gustavo Iribarren eran vecinos y jugaban todo el día, eran como de la casa. Y Juan Pablo y Juan Augusto Arlettaz en aquel tiempo jugaba en otras canchas y se armó una competencia espectacular y se jugaba muy bien, los cuatro eran señores jugadores. Después surgió Roberto Pérez Mercader con Martín Iribarren que fueron a jugar a todos lados y representando a la cancha y a la ciudad.

  

Sobre el significado que tuvo el padel, el Bayo dijo que “fue como una distracción, una terapia, estar todo el día con gente de bien. Tengo muchos recuerdos y algún día vamos a terminar porque 30 años son muchos. Cuando empecé con la cancha tenía 49 y trabajaba en el Correo y atendía la cancha. Como se trabajaba tanto llegué a tener tres cancheros, entre ellos Cacho Rodríguez, Claudio Monge, Julio Migueles (que después fue mi yerno) y tenía otro muchacho que atendía la cancha. Era tanta la demanda que pedían turno para las 2 o 3 de la mañana”

 

VAMOS A JUGAR AL PADEL, ERA LA CONSIGNA

Una vez había un grupo muchachos en un asado, donde yo estaba, y en la sobremesa dijeron vamos a jugar a las bochas, pero otro propuso jugar al padel. Pero primero tenían que preguntar si había turno porque eran las 2 o 3 de la mañana y vinieron a preguntar y había un turno para las 3. Abandonaron las bochas y se vinieron a jugar al padel y acá teníamos paleta, pelota y todo se alquilaba. Después empezamos a traer paletas para vender y teníamos bolsas con 100 pelotitas. Así como entraban, volaban, porque al tener la cancha abierta volaban, y acá toda la vuelta unos cuantos chicos esperando que las pelotas salgan de la cancha para llevárselas. También volaban algunas paletas porque siempre había alguno que se calentaba y tiraban las paletas por arriba del tejido.

El bayo trabajó en la oficina del Correo Argentino de San Salvador hasta que se acogió al retiro voluntario “para dedicarme a esto, pero vivíamos lejos, del otro lado de la vía. Llegaba a mi casa y me llamaban por turnos y tenía que volverme en la motito o en el auto. Era una locura, por eso teníamos que decidir entre alquilar o vender la cancha o venir a vivir acá. Decidimos vender la casa y hacer una nueva acá para vivir y especialmente por eso podemos mantenerla”.

 

LA PANDEMIA NO FRENO LA ACTIVIDAD

Si bien hubo muchos meses de inactividad total, cuando se habilitó la práctica del padel, los jugadores volvieron a la cancha del Bayo necesitados de una actividad física. Es así que “dábamos solo cuatro turnos por día, porque teníamos que tener un intervalo de media hora entre turno y turno para higienizar la cancha. Solo podían estar los jugadores, venir con la paleta, las pelotas y lo que tomaban”, apuntó el Bayo Bordet.

Me acostumbre a trabajar en esos tiempos y no tenía contactos con ellos. Ahora que la actividad empezó más fuerte empecé a tener contacto con los jugadores.

Aparte, Bordet tiene que cuidarse porque en el 2004 sufrió un infarto, y tuvo que esperar turno casi 11 meses. Un año más tarde, el 11 de agosto de 2005, se operó del corazón en Concepción del Uruguay. “Estoy bien, controlado, con las pastillitas, aunque por ahí algún desarreglo hago; un asadito, un vinito, aunque tengo prohibido tomar. Me olvido sin querer…” comentó el Bayo, “sino para que estamos en esta vida. Algún gusto suave no está demás”.

Bordet viaja cada tres meses al médico a Concordia para hacerse los controles y todo va bien, agregó. “No puedo correr, ni subir las escaleras”, aclaró.

 

JUGADOR FRUSTRADO

  

Cuando le preguntamos si había jugado al padel en los comienzos, a pesar de no saber nada del tema, dijo que sí. “Al principio no pude jugar mucho porque me salió una ingle y tenía que operarme. Empecé a jugar pero enseguida sentí el dolor. Cuando era mensajero en el correo andaba mucho en bicicleta, el Dr. Larsen me dijo que me cuide que no ande tanto en bicicleta. Empecé a jugar al padel, a correr y sentí el dolor. Entonces fui a lo Juan Augusto (Arlettaz) y me dijo que tenía que operarme de la hernia. No me decidía nunca y después llegó lo del infarto, y después recién me operé de la hernia. Ahora estoy rectificado totalmente”, dijo riéndose Bordet.

Estaba para jugar en una sexta categoría, porque de tanto mirar se aprende. Cuando limpiaba la cancha tomaba una paleta y una pelotita empezaba a paletear contra la pared para el día que juegue este más o menos en forma, expresó finalmente.

Fernando Rodríguez / Sansa Deportes – La Semana.


 

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