25 oct. 2020

EL RECUERDO DEL FUTBOL DE TANGO BAR: Nos hicimos conocidos en todos los barrios y no teníamos problemas en ningún lado


Tango Bar / 1968: Cacho Sandoval, Toro Arnd, Evaristo Díaz, Arturo González, Ramón Benítez, Martín Santos, Carlos Jacquet, Popero Acosta, Canilla Cáceres y Toti Risso. Abajo: Cubilla González, Luis Laucha González, Jorge Santos, Tata Luna y Luis Cartucho Santos.

En nuestra ciudad durante muchos años existieron equipos de barrios formados por un grupo de amigos que forjaron una amistad a partir del fútbol. Uno de esos fue el de Tango Bar, denominación que se tomó del bar que estaba ubicado en calle Primera Junta.

LA SEMANA y SANSA DEPORTES reunieron al “Tula” Jorge Santos y al “Toti” Juan Jesús Riso que recordaron esa época y dejaron algunas anécdotas interesantes de antaño.

Todo empezó con una barra de amigos, dijo el Tula Santos, y después se fueron agregando otros a la hora de armar el equipo. Los que tuvieron la iniciativa fueron el Toti Riso y el Tata Maraco, agregó.

Teníamos un buen equipo. Tata Maraco jugaba bien, el Laucha González, el Toti, teníamos muchos corredores. Así nos hicimos conocidos en todos los barrios y no teníamos problemas en ningún lado. Incluso en el Mondongo, donde algunos equipos no se animaban a ir a jugar, pero nosotros tenemos grandes amigos en el barrio, apuntó Tula Santos.

Toti Riso recordó que cuando dejó de jugar en Nuevos Rumbos antes que desaparezca, empezaron los campeonatos libres y con Tango Bar.

Al recordar su paso por el fútbol, el Toti Riso dijo: “El primer partido que jugué fue en Locomotora de Concordia a los 9 años. Después en Sarmiento, pasé a Nebel en 5ª y 4ª. Luego un año en Libertad con Gauna y después un año en Nebel hasta que en el año 68 me vine a San Salvador”.

Vine el 7 de abril a trabajar por tres meses, pero estuve 2 años y me quedé. Si bien extrañaba como un loco, porque no conocía a nadie, pero hice amistades y me quedé en San Salvador. Ahí empezó todo hasta empezar con el Tango Bar y más adelante fundamos Progreso.

Al mismo tiempo que jugaban al fútbol, seguían su amistad con la música, cada uno por su lado, compartiendo veladas bailables en toda la zona. El Tula en los 5 Sonidos y el Toti en Los Liter.


 TANGO BAR / JUNIO DE 1969

Ernesto Gómez, Rafael Joannaz, Evaristo Díaz, Tito Monge, Martín Santos, Coti Negrete, Popero Acosta, Sandoval, Laucha González, Toti Riso y el Gato Morínico.

El Tula jugaba desde chico en su barrio al tiempo que trabajaba, y no tenía tanta libertad para jugar. De los 13 a los 15 años trabajé en la Tienda de Rodríguez Barro, Blanco y Negro. Después que levantaron la sucursal entré a la Cooperativa a los 16.

A los 13 años entré con la orquesta San Salvador, teníamos bailes casi todos los sábados. Jugué los torneos barriales hasta los 17/18 años. Después que hice la colimba fiché para Petroleros con Oscar Morel y donde también fue técnico Ricardo Santos. Después pasé a Unión, donde jugué varios años, alternando la reserva con la primera porque adelante mío tenía un delantero imposible de igualar, de gran categoría, como fue el Mickey Monzalvo.

“Jugamos algunos partidos juntos en la primera en la Liga de Villaguay. Los dos éramos goleadores y él un jugador extraordinario, muy buen compañero, armaba cada jugada, y se veía a un compañero que estaba mejor ubicado que él te la daba”, dijo el Tula Santos.

Los torneos se jugaban en la cancha de Sacachispas y Once Estrellas, que estaba ubicada donde hoy funciona el Molino El Japonés, en Avenida Entre Ríos.

Durante la semana, como casi todos trabajaban se entreveraban en los picados del barrio y después se juntaban los domingos para jugar los torneos.

Así se formó el equipo del Tango Bar y en una época donde no existían los celulares, WhatsApp y demás, nos juntábamos en la sede del Bar y nos íbamos en un camión a jugar a todos lados. Nos íbamos en el primer camión que encontrábamos disponible, dijo Riso. Entre todos pagábamos el viaje y él que no tenía iba igual. Nadie era ventajero, nadie se enojaba porque quedaba afuera, sino que al final terminábamos jugando todos, agregó.

“Estaba la Propalación Cóndor de Lili Casse, en el cantero central de Avenida Malarín, esquina con 3 de Febrero, y decían este domingo campeonato en Baylina y todos escuchábamos. Enseguida nos avisábamos entre nosotros y nos organizábamos para viajar”, recordó Riso.

Yo vivía en el banco porque fue cuando vinimos a pintar el edificio del Banco Nación. Y venían varios a buscarme para jugar en esa época donde también se formó Quilmes, que jugábamos con la camiseta de Racing con Carlitos Jacquet, Pedro Suen, la Lora Lambert, el Girja Gerard, entre otros.

 
Carlos Sbacco, Cacho Sandoval, Toti Riso, Tula Santos, Raúl Bordet, Bochín Diana, Ramón Bordet y Tata Maraco Luna.

Esta barra fue tremenda, dice el Tula, mostrando la foto donde están posando de fajina en una cancha donde no los dejaron jugar. Además, nos juntábamos en el bar de Quique Bordet, apuntó.

El rival más taquillero era Sacachispas, donde jugaban todos los Segovia, y también Cundo Santana, Nango Bergara, el Nene Atrio. Había buenos jugadores en esa época, apuntaron a dúo.


JUGO PARA DOS EQUIPOS QUE LLEGARON A LA FINAL

“En una oportunidad me vinieron a buscar para jugar los de Once Estrellas y Quilmes”, dijo Riso.

“Ya había jugado con ellos en un campeonato y querían que jugara con los dos. Entonces jugué para los dos en un mismo torneo. Me sacaba una camiseta y me ponía otra. Pero el problema se dio porque los dos llegaron a la final. Entonces les dije a los gurises de Once Estrellas que iba a jugar con Quilmes y me dijeron que sí, no había problemas. Empatamos 1 a 1 y hubo que definir por penales. Íbamos 1 y 1 hasta que uno dice que le den al Toti el siguiente penal, pero otro dijo que no porque me iba a vender, con tanta mala suerte que al que le tocó patear lo erró y Once Estrellas fue el campeón, entonces me fui a festejar con ellos”, apuntó Toti recordando aquel hecho curioso y alegre.

Otra del Toti Riso: “Jugando para Progreso con Salud Pública en Villaguay tenía problemas en la rodilla y hacía seis meses que no jugaba, pero jugué en reserva. Con nosotros estaba Miguelito García que jugaba de 3 y el árbitro era Salkin. Miguelito hace un foul y toma la pelota y la revolea afuera. Le sacó amarilla y le dice que la próxima se va. Enseguida un delantero se le escapaba y agarró la pelota con la mano y la revoleó para afuera. Entonces Salkin saca la roja y enseguida me anticipo y le digo: “Juez es sordo el muchacho. Ah perdóname, y guardó la roja en el bolsillo”.

Fernando Rodríguez.


 

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