4 may. 2020

Babi Novelli, un deportista que pudo haberse convertido en leyenda de nuestro fútbol



NUEVOS RUMBOS 1962: Parados: Babi Noveli, Alcides (Pocho) Gómez, Jorge Andino, Angel Rodríguez, Carlos Joannaz, Edel Blanc y Aldo Rodríguez.
Abajo; Pedro (Maravilla) Cruz, Carlos (Coco) Bentancour, Alberto (Bochón) Lagos, Rudecindo (Chilo) Morilla y Mario Rivarola
Muchos deportistas de nuestra ciudad tuvieron la dicha de poder hacer varios deportes, y más allá de haberse destacado en alguno de ellos, disfrutaron de lo que hacían, junto a un grupo de compañeros y amigos.
Uno de ellos es Babi Novelli, que recientemente cumplió 80 años de vida. Se dedicó al fútbol pasando por tres clubes de San Salvador, hizo algo de ciclismo y en las bochas defendiendo los colores de Ferro. Precisamente, uno de los momentos que han quedado marcado en la memoria de los nostálgicos quedó plasmado en el libro “De arrozal y nostalgias”.
“Cuando volví de la colimba le dediqué más tiempo al deporte, que en nuestra época era diferente”, empezó diciendo el Babi Novelli en diálogo con SANSA DEPORTES.
Al fútbol jugó en Ferro, pasó por Nuevos Rumbos y terminó en Petroleros.
Jugaba de 2 o de 6, recordó Babi Novelli. Había muy buenos jugadores y buenos compañeros en esa época. Antes se practicaba más que ahora, porque ahora hay muchas distracciones.
Con Unión teníamos mucha rivalidad, pero eran del momento.
A la hora de elegir grandes jugadores de su época citó a Maravilla Cruz, Edel Lambert, Aldo Rodríguez que no tenía gran juego, pero metía un montón. Entre los arqueros estaba Jorge Andino y Carlitos Tamayo. BabI Novelli se consideró “un jugador de medio pelo”.


Babi Novelli, Mario Rivarola y el “Coco” Bentancourt. El chiquito de abajo es Jorge Pancrazio

En las bochas siempre jugué en Ferro. En la primera cancha compartimos muchos partidos con Petit, Sleger, el Biyo Baglione, entre otros.
También le dedicó un tiempo al ciclismo donde “corrí algunas carreras, en especial en el Boulevard 3 de Febrero”. De esa época recuerdo grandes ciclistas como Darío Rodríguez, Miguel Rodríguez, Pellenc, mi hermano Aldo, y se armaban muy lindas carreras.


Gran parte de su corazón está en el Deportivo Ferrocarril, institución que considera “como una de las que más ha progresado en Sam Salvador. Ahora con esta situación no sé cómo la van a tener. Han hecho mucho”, sin dudas, dijo Novelli.
También salimos campeones entrerrianos de truco de los Abuelos en Acción en Victoria donde jugamos 16 partidos hasta la final que la ganamos. Mi compañero era el negrito Abalos.

RACONTTO DI NOSTALGIA III

Cuando el Babi estuvo cerca de convertirse en una leyenda
Lucio Albirosa, en su libro “De arrozal y nostalgias” le dedicó un espacio especial a Nuevos Rumbos. Pero en este caso queremos publicar una parte de Racontto Di Nostalgía III donde hace mención a la participación del Babi Novelli en un partido entre Nuevos Rumbos y Unión, donde pudo haberse convertido en una leyenda, que no fue…


EL RELATO…
El árbitro no quiere soplar este final donde la vida se iría en un soplo si no conocieras ese acto atroz de caminar sobre la cornisa dividiendo los infartos de la muerte súbita que, en el 53´ donde ocurre esto, no lo descubrían todavía los médicos de guardia del viejo hospital ni los futurólogos universitarios de la medicina.

El “Babi” Novelli está a un pitazo de convertirse en leyenda para el futbol del que hablarán después del 2000 y por muchos años más por los siglos de los siglos, amén.
“Novelli de Nuevos Rumbos, hazaña histórica” dirá el diario el miércoles o jueves cuando salga a la venta.
El “Babi” le pega de puntin, al medio. El arquero es un visionario o sicario a sueldo vencido por su última bala sin disparar. Lo matan si entra. Se estira desde el palo donde recién su mano izquierda provoco un cuarto de muerte a un hincha al que muchos cercanos a su sillón le dan aire mientras una palanca de arranque enciende el motor de un Ford cercano a la puerta del potrero rodeado por bolsas arpilleras donde la euforia ya se divide entre manos que rezan y otras agarrándose las cabezas; donde las tortas fritas olvidaron ser masticadas, donde ya no queda más agua para el mate y lamentablemente no existen pastillas que prevengan tanto dolor en el cuerpo a raíz de todos los nervios sufridos.
El grandote guerrero defensor de los palos llega justo al centro del arco donde la pelota va como si fuese la bomba asesina caída en Hiroshima en 1945. El alma y la vida en el puntín a como dé lugar, hacha y tiza, la furia del “babi” al pegarle a la redonda es el hermetismo trasmitido por la hinchada con gomina soñando, mordiéndose y deseando que termine esta pesadilla.
Era tan gigante el arquero que el disparo del “Babi” logra reventar el pecho del nuevo Goliat. El referí elegido por su honestidad decide soplar el pito al momento en que la pelota es despedida por el pecho del heroico guardavalla de Unión y Fraternidad.
El aire de la espera para marcar el nuevo duelo de los penales perduraba mientras el cuero no caía al piso. La cabeza del “Chilo” Morilla no sabía de posición adelantada y el plan ingeniado en el tiro libre no terminaba. Solo, llego solo, como cuando gurí jugaba a cabecear mientras Viviana Gutiérrez, su madre innumerable, cosía sus remiendos bajo un árbol allá por Sauce de Luna en 1920 y él jugaba solito a cabecear una de medias rellena de plástico. Apenas estiro su frente, el peso del barro en la redonda de cuero marco la hazaña que soñó despierto mientras paleaba un deseo de gloria, a la vez que algún grano de entonces le dijera que los sueños se cumplen cuando se los empuja. Si es de cabeza en el último segundo de una gran final, merece ser contado y hay cuentos que merecen un” Chilo” de gloria o en efecto: un aplauso sin fin.

Extraído del libro “De arrozal y nostalgias”, Ediciones Huentota, Mendoza, Argentina. Junio 2018

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